El otro día en mi clase de gimnasia postparto (www.SuperMums.be) mire a mi alrededor y me llamaron la atención las caras de varias madres exhaustas. Sólo se veía agotamiento y cansancio. Enseguida miré a sus bebés y me di cuenta de que tenían mes y medio. Las veía intentar seguir los ejercicios, sufriendo, sudando, viendo como su cuerpo no respondía a lo que la profesora nos pedía…frustradas. Rápidamente me acordé de mí, hace tal solo unos meses atrás. Me acordé de lo dura es esta primera etapa de la maternidad; más cuando eres primeriza. Recuerdo esos meses exhausta, sin dormir, muerta de hambre por la lactancia, físicamente empujando mi cuerpo a recuperarse a marchas forzadas y con un montón de nuevos sentimientos todos juntos y revueltos. Más tarde aprendí que esto se llamaba “el cuarto trimestre”.

¿Qué es el cuarto trimestre?

Son los primeros 3 meses después del parto. Durante todo el embarazo los médicos y la literatura te van indicando los cambios del cuerpo y del bebé por trimestres, llegando a ser 3 en total. Entonces, ¿porque se habla del cuarto trimestre cuando el bebé está ya fuera?
En primer lugar, se habla del cuarto trimestre porque el bebé sigue creyendo que está dentro del útero. El cambio del medio acuoso al aire es tan grande, que necesita un nuevo de adaptación. El bebé en estos meses vive fusionado con la madre, mira el mundo a través de ella. Gracias a su relación con ella y el famoso apego, entenderá el nuevo concepto del otro. Si con su madre establece una relación de seguridad y afecto confiara en que el mundo es confiable. El amor madre-hijo será su mayor sostén y base de su propia estabilidad (Winnicot). Este vínculo está favorecido por dos componentes: por un lado, la oxitocina, la hormona opiáceo natural que produce su cuerpo y que interviene en el amor maternal y, por otro lado, el factor cultural.

Además, durante estos meses la madre sigue viviendo numerosos cambios físicos y psicológicos con el fin de que su cuerpo vuelva a su estado habitual y poder satisfacer la necesidad de producción de leche para alimentar al bebé. La naturaleza programa a la madre para focalizar toda su atención en el cuidado de sus “crías”, por lo que todos sus sentidos se ponen a su servicio. Es normal, por tanto, que se desarrolle un estado de hipervigilancia, donde gracias al oído hiper-desarrollado la madre pueda estar atenta a cualquier ruido que emita el bebé. Muchas madres se sienten abrumadas por este sentimiento de hiper-alerta, llegando incluso a no poder conciliar el sueño en los pocos momentos que pueden hacerlo. Lo cual no les ayuda a recuperarse.

En este maremágnum de cambios físicos y psicológicos en el que está sumergida la madre, ¿cuál es el papel del padre o pareja? Decía un amigo mío, que primero miran al bebé, luego preguntan qué tal la madre y en tercer lugar alguien, a veces se da cuenta que está el padre. Pues, aunque a veces sea el gran olvidado, el papel del padre es fundamental.
El padre-pareja tiene la misión de ser el sostén de la madre y “barrera entre ella y el mundo”. El padre tiene un papel primordial en el cuidado del bebé y es necesaria su vinculación desde el inicio, pero además se recomienda que cuide de la madre desde los aspectos más básicos como la alimentación, descanso, autocuidado, hasta la gestión emocional de las visitas. En estos primeros meses la gestión de las visitas pueden ser una carga más que agote a la madre y el bebé no lo necesita. Lo único que necesita el bebé en estos momentos, es a su madre y a su padre, en ese orden. Por lo tanto, es fundamental aliviar todo el estrés que pueda tener, para un mejor cuidado del bebé. Como decía una buena amiga mía: ¿Cómo cuida el padre al bebé? Cuidándola a ella.

Así mismo, si es el primer bebé, habrá cambios en la pareja. Han pasado de ser dos a ser tres (o más en las familias múltiples). Esto, que parece una obviedad, no lo es y requiere reajustes y una nueva energía que va en otra dirección. Algunas parejas me han descrito el nacimiento del bebé como “un tsunami que arrasó nuestra vida de pareja”. Es una de las crisis más frecuentes y hay que prestarle especial atención.

¿Cómo prepararte para el cuarto trimestre?

Antes del parto conviene hacerse algunas preguntas, especialmente con tu pareja.
-Habla con tu pareja: Todo el tiempo previo al parto es tiempo para comunicarse en pareja y llegar a acuerdos. Hablad de vuestras expectativas, miedos, como imagináis que cambiaran las cosas, negociad los puntos clave por donde no pasareis.
Algunas preguntas que os podéis hacer:

  • ¿Cómo será el día del parto? Escribir un plan de parto y compartirlo con el medico
  • ¿lactancia materna, artificial, mixta?
    -¿Qué personas podrán venir a visitarnos? ¿cómo serán esas visitas? De cuánto tiempo, en que espacio, que pasa si no me siento bien, tranquila, o estoy cansada con las visitas, ¿cómo vamos a manejarlo?
  • ¿Cuáles son mis miedos y expectativas como padre/madre? ¿y como veo al otro? ¿Qué no me gustaría que ocurriera y que si en los primeros meses?
    Una vez que hayas dado a luz, hay numerosos aspectos importantes. En la mayoría de los blogs se habla de la importancia de la alimentación de la madre, del sueño y de la logística. Pero aquí, me gustaría hablar de los aspectos emocionales del postparto y de la soledad de la madre.
    -Permítete estar en el cuarto trimestre: algunas veces podemos tener tentaciones de saltar etapas o quizá el ambiente externo nos indica que “debemos” pasar de página y ya no sentirnos de determinadas formas. Parece que, si te sientes triste, confundida o te atacan miles de dudas e inseguridades como madre, está fracasando. Como si la primera vez que haces algo tan importante y exigente como ser madre, con la responsabilidad que conlleva, ya tuvieras que saber hacerlo todo, por el mero hecho de haber parido. ¿Ser madre es una cosa natural? Si y no. Ser madre no solo se conforma de la capacidad biológica de serlo, sino de construir una nueva identidad. Este proceso es único y solo tú puedes decidir cómo quieres que sea, hasta que te sientas cómoda en esa nueva piel.

Pero cada etapa requiere su proceso, y no existen atajos ni para la recuperación del cuerpo ni para la adaptación psicológica. Permítete sentirte como te sientas y vivir lo que te está ocurriendo. Ponle palabras, cuéntalo a las personas de tu entorno o escríbelo si te gusta hacerlo. Empujar procesos no hace que pasen más deprisa.

-Salir de la soledad: Recuerdo una madre que me decía lo difícil que era estar sola todo el día en casa sin hablar con otro adulto. Parece que después del parto, solo tienes derecho a sentir felicidad y el resto de los sentimientos “feos” no son admitidos por la sociedad. Pues la soledad es uno de los más frecuentes. Las madres pasan 24 horas cuidando a otro ser humano, digiriendo la inmensa responsabilidad que supone y sin hablar con nadie hasta la noche. Para las mujeres educadas como profesionales, acostumbradas a trabajar fuera de casa, tener su carrera laboral… este nuevo papel, puede ser vivido con más estrés que placer. Hoy en día hay numerosos recursos que te empujan a salir de casa y juntarte con otras madres. Pero quizá necesites alguien que te diga: “ve, dúchate y sal con tu bebé”.

-Autocuidado: Este es el punto más difícil. Debido al torrente hormonal y cultural que ataca a las madres, a menudo estamos tan focalizadas en el bebé, que nos olvidamos de nosotras mismas. El autocuidado en estos tres meses simplemente significa darse una ducha, hablar con una amiga que te comprenda, tumbarte en la cama a mirar a tu bebé mientras duerme, bailar con él al ritmo de música clásica mientras tu pareja os abraza…cualquier actividad que te dé un rato de paz y reconexión contigo misma.

Este trimestre es tan duro y hay tantas exigencias, que a menudo nos olvidamos de nosotras mismas y solo así disfrutaremos de nuestro bebé y de este momento.

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